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sábado, 7 de noviembre de 2015

NUESTRO PEZ Y SU PECERA MÁGICA



Aún recordamos ese primer día, hace 4 años, cuando lo cogisteis de la mano y lo llevasteis con vosotros. ¿Recordáis esas primeras clases cuando se pasaba de una calle a otra? Teníais la solución mágica: quitarle la riñonera para que se hunda y se asuste. Y ¿qué pasó? Nuestro Héroe salió buceando con toda soltura. Una sonrisa se dibujo en vuestras caras. Si ya le teníais cariño, desde ese momento conquistó vuestro corazón.

Este viaje ha sido duro. Es duro tener que estar en el borde de la piscina aguantando a tu Héroe. Es duro ver que siempre llegaba el último, es duro ver que no obedece… Tantas durezas. Cuantas veces los padres de este niño tan especial se plantearon quitarlo del grupo, y cada vez que os lo sugerían siempre contestabais: “Tranquilos”, “tiene que estar con los demás”, “cada día está mejor, hoy lo ha hecho muy bien”

Sin embargo vosotros conseguisteis hacer de este duro viaje una dulce travesía. Cuántas risas, cuántas volteretas, cuántos saltos… Cuánta alegría ver que Nuestro Héroe contaba los días para que llegara el sábado e ir a la piscina con sus profes.

Siempre apostasteis por él, a pesar de las dificultades, a pesar de la carga de trabajo extra que os suponía, a pesar de sus diferencias y limitaciones. Frente a todas estas adversidades pusisteis mucho amor, mucho cariño, mucha paciencia, mucho trabajo. Todo lo bueno que se pueda imaginar lo pusisteis… y mucho. A cada sugerencia de los padres os poníais manos a la obra. ¿Recordáis como para ayudarlo a hacer la gimnasia hacíais los ejercicios siempre en el mismo orden y contando hasta 10?.Por eso cada vez que llegábamos a la piscina y no os veíamos el miedo se apoderaba de nosotros.

El tiempo fue pasando, Nuestro Héroe se ha ido haciendo mayor, ese pececito, el único de cuatro años que no llevaba riñonera, tiene ya 8 años. Había llegado el momento. Después de pensarlo mucho, de hablarlo con los profesionales que luchan por abrirle las puertas de nuestro mundo, decidimos que teníamos que dar el paso. Nadar, que tanto le gusta, tenía que pasar a ser una actividad totalmente placentera, sin las ataduras que suponían estar en una clase. No sabíamos como decíroslo, temíamos que vosotros quisierais seguir luchando, apostando por él, como siempre habéis hecho.

Pero lo entendisteis. Supisteis ver que ya era un pez grande, un pez que solo quiere jugar, ser libre y feliz, en el mundo que quizás más le guste, el agua.

Por eso cada vez que entramos en la piscina y os vemos con todos los niños una sonrisa de nostalgia y felicidad se nos dibuja en la cara. De nostalgia por los buenos momentos vividos. De felicidad porque aunque nuestro Pez ya se fue hoy tenéis a otro pececillo que sin duda os lo recordará…

Gracias Carlos, gracias MariCarmen